Guerreros (i)

Verano de 1997

Un cielo más o menos despejado dibujando un bello atardecer rojizo. Un Sol ruborizado escondiéndose en el horizonte. Una laguna diamantada llena de vida. Un suelo fértil bañado en sangre. Diecisiete cuerpos sin vida adornando el paisaje. Un hermoso escenario para asesinar a los últimos guerreros sobrevivientes de esta batalla.

Los últimos tres sobrevivientes se encuentran haciendo cara al invasor que reclama lo que nuestros infranqueables guerreros defienden con su vida. Bueno, los últimos dos sobrevivientes...

—o—

Donatello: Lo-mataste... ¡Bastardo! ¡Lo Mataste! ¡Ah! —lanzando su grito al cielo en su coraje y desesperación mientras se levanta del suelo, Donatello se aferra a sus impulsos y destreza para seguir esta pelea. Su coraje le ha hecho enseñar los dientes y una mirada de furia se dibuja en su rostro. Golpeado, con heridas menores sangrando por su cuerpo. Vuelve a tomar su arma, esa espada centelleante, entre sus manos.
???: ... [imbécil] —apenas un leve suspiro ha escapado de los labios de este invasor. Está tranquilo, respirando a su tiempo. Su manejo de la espada, toda bañada en sangre desde hace unas horas, le está dando una enorme ventaja sobre el ya reducido grupo de contrincantes.
— Esto... se me antoja aburrido, creí que me herirían por lo menos de muerte —palabras frías que salían al tiempo en que desenterraba sus dos espadas de su última víctima, clavadas sutilmente en su abdomen y en su garganta. El cuerpo cayó golpeó al suelo aún con vida con su infeliz dueño intentando inútilmente, y ruidosamente, pasar aire a sus pulmones.
Michelle: [Nos está matando de uno en uno... ¡El maldito se divierte!] ¿Qué quieres? ¿¡Qué putas quieres!? ¿Porqué nos atacas? —endemoniadamente débil, cansada, herida. El peso de sus armas, el arco y la flecha y sus dagas, se le antojaban insoportables, apenas para poder respirar. Ella ya había olvidado cuánto tiempo llevaba peleando viendo caer uno a uno a sus compañeros, sus amigos. Ahora eran dieciocho cuerpos adornando este bizarro escenario.
???: Quiero lo que están cuidando.
Michelle: Ah...
Donatello: ¿¡Qué te hace pensar que lo entregaremos!?
???: No se los estoy pidiendo, se los estoy quitando. No grites, te escucho bien.
Donatello: grr... —su enemigo se encuentra a unos veinte metros de él, se prepara para correr, saltar y ensartar su espada en la garganta clara de su invitado. El último caído ha dejado de sonar.
???: ¿En verdad quieres depositar todo lo que te queda en un sólo movimiento?
Donatello: ...
???: ... —una pequeña sonrisa se dibuja en sus labios, los abre y humedece con su lengua degustando el momento que se presenta a la situación, suavizando la expresión de su rostro con un semblante, inclusive, pícaro—. Es tu decisión Donatello, líder y guerrero de este grupo, el penúltimo idiota que aún está en pie. Veamos quién queda en pie.

—o—

Veinte metros los separan en este camino sin retorno para uno de ellos, aunque por la situación la mejor opción parece ser que los dos caminen a través de él. Donatello, con su mano diestra, empuña su espada a su costado izquierdo zumbando mientras ésta canta su coro de la muerte. El invasor apenas a tomado su espada hacia el frente con su mano diestra. Separa un poco las piernas.

Tres metros...

Toma fuerza, aumenta su velocidad, aprisiona su espada. El coraje y la furia lo motivan en este movimiento infinitamente desesperado. Se le ha olvidado que debe pensar como guerrero, en las enseñanzas básicas que tanto tiempo y esfuerzo le costaron aprender y que enseñó a sus amigos para pelear junto a ellos. Totalmente impulsivo se dirige a las manos portadoras de su muerte en un intento heroico de salvar lo que queda de su equipo.

Su enemigo lo espera regocijante más adelante, inmóvil.

Nueve metros...

Donatello aún tiene fuerzas para agarrar más velocidad. Su enemigo apenas flexiona un poco las piernas y su sonrisa se ha borrado de su rostro.

Quince metros...

El coraje ha cegado por completo a nuestro héroe y éste empieza a gritar con estrepitosa fuerza.

Dieciséis metros...

El guerrero salta a una altura por encima de los dos, tomando su espada entre las dos manos estocándola hacia abajo.

Punto de encuentro.

En un instante, el oponente da una vuelta hacia atrás y se hace hacia la izquierda del guerrero. La estocada de Donatello falla apenas rasgando las ropas de su oponente.

Donatello pierde su semblante del rostro... Su enemigo siembra los pies con fuerza...
Donatello voltea a su izquierda... Su enemigo gira y toma con fuerza su espada, agarrando a Donatello de su hombro derecho... Donatello apenas toca el suelo con la punta de sus pies...
Su enemigo clava su espada en la garganta de Donatello... lo mantiene en esa posición, en esa altura...

—o—

Michelle: ¡Nooooo! —su desgarrador grito espanta a las aves aledañas y los cuervos expectadores huyen al unísono de su sonido.
???: Idiota... ¡Ah! —un grito de furia y victoria sale del fondo de sus entrañas al momento que arranca la garganta de Donatello con su espada clavada en ella. Un rico baño de sangre para nuestro invasor.

La cabeza de nuestro, inútil, héroe queda colgando a su espalda con los ojos abiertos mostrando el último sentimiento en vida: miedo. Diecinueve cuerpos.

Michelle llora desconsolada a varios metros de ahí viendo el fresco cadáver del hombre que ha amado varios años, el cadáver del hombre al que se le entregó en muchas noches en cuerpo y alma. Está sola en esta batalla sin compañeros, sin amigos, sin el amor de su vida.

???: dum-ba-dum-ba-dum-dum-dum —tararea una música mientras se acerca a ella tranquilamente. Sonriente, victorioso, oscila su espada mientras camina hacia Michelle de una forma burlona.
— ¿Qué vas a hacer tú?
Michelle: sniff...
???: ... Creo que puedo divertirme un rato contigo.

—o—

La mirada de tristeza de Michelle se transforma en un instante. Su enemigo se dirige rápidamente hacia ella tomándola de su cabello. La arrastra despiadadamente hasta un árbol que está cerca de ellos.

En un solo movimiento la levanta y la avienta al tronco, acorralándola entre él y el árbol. Desenvaina la otra espada y hace una doble estocada dejando a Michelle clavada, inmóvil.

Michelle ya no puede gritar, la mirada de su enemigo la tiene paralizada de miedo, de coraje, de sumisión, de sorpresa...

El bastardo arranca con violencia sus ropas, jala su cabello. Sin acto de galanteo muerde ferozmente sus pezones hasta hacerlos sangrar. Michelle solo grita de dolor. Él encaja sus uñas en sus nalgas sintiendo su grandeza. Aparta una mano y la dirige al broche de su pantalón, los cuales caen casi instantáneamente. Flexiona un poco las piernas y con un profundo y brutal movimiento la penetra; en su primer movimiento fue tan brusco que ella empezó a sangrar... y a llorar.

Michelle: aum... snif...
???: Estás rica, estás apretadita ¡Ah!
Michelle: [Bastardo, eres un maldito bastardo. Dony, amor, hemos fallado ¿Qué pasará ahora?] aum... mf... ¡ah!
???: Que rico lo tienes, zorrita.

Una y otra vez nuestro caballeroso invitado penetró a Michelle clavada en ese árbol. Cuando pudo ver que era medianoche, con sus manos le arrancó la garganta en el momento en que la penetró más profunda y fuertemente.

???: Estoy bañado en sangre... Los maté a todos jejejejeje. Olor a sangre a medianoche —se dirigió a la laguna que estaba cerca de donde fue el baño de sangre. Se limpió completamente y se fue a dormir bajo un árbol que estaba un poco alejado de ahí.

—o—

A la mañana siguiente, se levantó tranquilamente y fue al lugar donde estaban los cuerpos. Tomó uno a uno los cadáveres y los sumergió en la laguna con ayuda de unas rocas. La sangre impregnada en el suelo la cubrió con la misma tierra del lugar. Después volteó a la laguna.

— Mientras estuvieron con él, fueron buenos protectores. Guerreros temibles e invencibles. Pero su tiempo ha terminado, ya no son necesarios. Ahora es mi era.

Caminó hacia un cerro que se dibujaba cerca de ahí. Lo escaló y llegó a la cima a eso del mediodía. En ella había una pequeña aldea, caminó a través de ella hasta detenerse frente a la entrada de una casa. Abrió sus puertas y se adentró en ella. En el cuarto al que entró estaba un niño, casi un muchacho, sentado en el suelo y meditando con sus ojos cerrados.

Niño: ¡Hola! ¿Cómo te fue con mis protectores?
???: Bien, platiqué con ellos, dialogamos. Llegamos a buenos términos. Aceptaron dejarme todo el trabajo a mí. Son buenas personas.
Niño: ¡Oh! Qué sorpresa, pensé que Dony nunca dejaría de ser mi protector.
???: No se preocupe, mi Señor. De ahora en adelante deje que me encargue de usted.
Niño: Qué bueno que llegaste ¿No necesitarás compañía o ayuda para que me cuides?
???: No lo creo.
Niño: ¿Y si vienen a pedírtelo?
???: Me encargaré de ellos, les haré entender.
Niño: ¡Qué bueno que te he creado! Solo que aún no he pensado en un nombre para llamarte.
???: No es necesario, mi Señor, con sólo decir "ven a ayudarme" o "ven a mí" acudiré a la orden.
Niño: De acuerdo, bienvenido.
???: Aquí estaré con usted siempre, señor.

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