MIchelle

Ayer amanecí indiferente, me levanté tarde despojándome de mis sábanas. Sentada al pie de mi cama, no sé qué habré pensado, sólo sé que en un instante, en mi pecho, un dolor intenso brotó, se apoderó de mí, me doblé en mi pensamiento... lloré, tres lágrimas lloré; con éste rostro mío, me hundí entre mis manos y lloré.

La mañana no fué algo extraordinaria, lo normal, lo habitual. Aquí en la casa me preguntaban qué pasaba. Mis papás fueron los que insistieron más, mi hermano sólo comentó que eran mis días difíciles. Dejé a la mañana pasar perdiéndome en mi mundo de cuatro muros, encerrada, aislada. Me dí cuenta que el dolor no cesaba, pero no aumentaba, y recordé, como lo he hecho de dos meses para acá, el día en que éste inició. Cito en mi memoria el momento, cito en mi pecho el sentimiento... me siento feliz, me siento triste... me siento satisfecha, me siento enojada.

He estado leyendo en ésta tarde lo que he escrito, me he dado cuenta que desde lo que pasó he estado escribiendo lo mismo, con otras palabras, con otros momentos, pero al final lo mismo: coctel de sentimientos encontrados.

He decidido no volver a escribir aquí hasta que pase algo inusual, algo casual... algo sensual. No la misma historia contada con otras palabras. Sólo escribiré el momento que considere "raro".

Quiero... no sé qué quiero.

28 de Agosto...

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